lunes, 9 de abril de 2018

Escribir juntos

Por mucho que quieras, apagar un fuego que algún día se inició en tu corazón es una tarea mas que difícil. Como si no hubiese pasado ni un segundo, volvimos a conectar como aquellos días. El tiempo dejó de correr para nosotros. Nuestras tímidas almas empezaron a conectarse como cuando nos conocimos por primera vez, ¿Te acordás? 

Esa química, esa parte del amor que no se puede forzar, surgió en nosotros aquel día y hoy lo estábamos repitiendo. Poco a poco empezamos a soltarnos, a despojarnos de nuestros miedos y a sentirnos libres. Nuestras ataduras empezaron a romperse, las cadenas que no nos permitían ser nosotros mismos dejaron de existir y volamos. Sentimos que el tiempo dejo de correr, que no nos importaba mas el mundo ni los que estaban ahí, solo nos importaba ser felices y juntos lo eramos. Chistes internos, miradas que decían mas que palabras, juegos que hacían reír nuestros corazones y el contacto de nuestras manos que erizaba nuestra piel. 

Pocas cosas son difíciles de  explicar, pero la más difícil de todas, sin lugar a dudas, es lo que se siente cuando conectas con alguien de esta manera. Es casi como que te sentís desnudo frente al otro, vulnerable, siendo vos mismo pero sabiendo que, aún con ese riesgo, te sentís cómodo. Con vos me siento seguro, me siento yo mismo. Siento que no tengo que forzar nada, que el amor fluye de manera natural y que casi puedo sentir tu alma abrazando a la mía. Sé que tenés muchos miedos, yo también los tengo. Sé que no estás segura, y yo tampoco lo estoy. Pero es imposible obviar lo que nos pasa, lo que sentimos y lo que se siente cada vez que estamos juntos. Nunca había sentido algo parecido y no voy a permitir que un fantasma en mí cabeza o un patético miedo me haga perder esta realidad. Mí mano está lista para empezar a escribir lo que algún día comenzamos, pero necesito la tuya para poder empezar. Dame tu mano y dejémonos llevar.


Anestesia del alma

Cuando te vi por primera vez pensé en lo particular que serías. Me llamó mucho la atención la forma en la que hablabas, el humor que tenías y al instante supe que quería conocerte más. Coincidimos en un viaje donde pudimos conectar un poco más. Conocí un montón de cosas de vos y poco a poco fuimos abriéndonos camino. Algo dentro de mí se sentía cómodo con vos.

Paulatinamente fui conociendo a la que hoy es una persona importantísima en mí vida. Y te convertiste en eso simplemente por ser quien sos, por lo que me mostraste siempre que hablamos. Hay un increíble ser dentro tuyo, una hermosa mujer que está tapada por muchos miedos, por ideas falsas e inseguridades. Cómo te dije alguna vez, sos una persona increíblemente fuerte, que la ha batallado y a salido transformada por la vida. Y eso es lo que sos hoy, ese caos que te puede parecer lo que sos a veces es sólo tuyo y tenés que amarlo. Cuando ames lo que sos, aun en el caos, vas a saber la magnífica mujer que sos y que podes seguir siendo. Tildame de visionario si querés, pero vales mucho más de lo que estás pensando. 

Lo que generas es único, por lo menos en mí. Cuando digo anestesia del alma, lo digo porque cuando estoy con vos siento que quiero parar el tiempo y que estemos mucho más tiempo del que podemos. Me siento bien, me siento seguro, y es difícil de explicar quizá pero me haces muy bien. Esa es la verdad, esa es la parte que puedo decir sin dudarlo, me haces muy bien y te agradezco por ser lo que sos, una anestesia del alma. 


martes, 6 de marzo de 2018

Sinergia de amor

Encontrarnos una tarde de domingo, abrazados a la esperanza de construir un futuro en el que podamos ser uno en lugar de dos. Intentar, una vez más, desafiar la maldita suerte y con un as bajo la manga jugar a esto que llaman amor. 

Tomá mí mano y no la sueltes jamas; déjame sentir que con vos ya no existirán aquellos fantasmas de la soledad. Que en mi oscura red de miedos tu luz romperá el cristal y que, con tu dulce sinfonía, calmarás hasta el más ruidoso trueno de mí tormenta. Solo mirame y decime lo que tu corazón grita en silencio. Háblame con tus ojos, que sean tus latidos los escritores del discurso. 

¿Por qué tener miedo si en tu abrazo se encuentra la mayor roca de seguridad? ¿Por qué temblar si con un solo beso tuyo lo negro se vuelve blanco y el peor de los temporales se vuelve una tímida lluvia de otoño? ¿Por qué no intentarlo? 

Dejame acariciar tus inseguridades, besar tus cicatrices, abrazar tus miedos y limpiar tus alas para que, de una vez por todas, le des el uso que se merecen. Dejame ser quien te apoye en cada decisión que tomes, el que te acompañe en tus aprendizajes y el que encuentre lo más valioso de tu ser. Dejame ser el primero que te diga buen día; dejame ser quien esté aquellas noches donde pareciera que el mundo termina. Dejame levantarte si estás cayendo, ser el andamio por el cual puedas andar y tus muletas cuando sea difícil andar. 

Dejame ser quien escuché tus latidos, entienda su ritmo y, con solo una mirada, comprenda lo que anhela tu ser. Dejame ser quien te haga reír hasta llorar y nunca de la forma contraria. Dejame ser quien escriba poemas con tu nombre, relatos con tu color y fábulas con tus enseñanzas. Dejame ser quien cante las más melosas canciones de amor y empalague tu corazón con mí precaria voz. 

Dejame ser tuyo sin que me poseas, que seas mía sin poseerte, y que juntos podamos ser una sinergia de amor.


lunes, 22 de enero de 2018

Lluvia, café y silencios

Llovía como nunca antes había visto. Era lunes, temprano, me había preparado el café. Hay algo mágico, algo atrayente, algo puro e inmaculado en el olor del café recién hecho. Se podrían escribir mil cuentos, cien poemas y diez canciones solamente por esa magnifica fragancia. Mientras tomaba de a sorbos, escuchaba las gotas caer una por una en la terraza. Un sonido relajante, un sonido transportador. Me llevo a una imagen, a un recuerdo que deseaba no recordar. Pero allí estaba, resonando en mi mente, la primera vez que te perdí. 

Eran los primeros días de otoño. Recuerdo que cuando caminabas por las calles no apreciabas el potencial de esta estación. Las hojas estaban en su lugar, el color verde todavía era parte del paisaje y el frío se hacia desear. Habíamos quedado para merendar en un lugar donde hacia tiempo quería invitarte. Un lugar que me habían recomendado y que accedí al mismo tiempo que lo vi. Tenia buenas vistas, la comida era deliciosa y el ambiente era cálido e intimo. Perfecto para lo que tenia pensado decirte. Ya no podía aguantar mas a este corazón, ya no podía soportar mas el silencio. Necesitaba decirte que me moría de amor por vos, que cada vez que me acostaba y que me levantaba tu nombre aparecía en mi mente, asaltándola y dejándola vacía. Tenia que decirte que estaba loco por vos, que te quería y que deseaba que lo nuestro tome otro color. Para mi sorpresa, las cosas se dieron de tal manera que la comida fue mala, la calidez dejo de estar presente y lo íntimo paso a ser incómodo. 

No sabia como empezar así que me lance diciéndote lo linda que estabas hoy, lo preciosa que te quedaba esa remera color nieve y el contraste que hacia con tus ojos. En ese momento, mi corazón decidió tomar el control y soltó todo lo que tenia guardado, todo lo que hacia tiempo necesitaba expresar... lo soltó sin mas. No pude evitar ver tu cara de sorpresa, de alegría pero a la vez de miedo. Tu rostro paso por mil etapas, mil sensaciones y me dejo en silencio. Pasaron minutos hasta que abriste tu boca para decirme que lo sentías, que no sabias como reaccionar, que no sabias lo que tenias en la cabeza. Me intentaste explicar el nudo de tus sentimientos, la maraña de pensamientos que asaltaban tu mente y te dejaban sin actuar. No sabias como llevar adelante esta realidad. Mi mente lo entendió, pero mi corazón sufrió por las malditas expectativas que siempre se crea. Merendamos y al rato te acompañe a tu casa. Había silencios que decían mas que nuestras palabras, miradas que expresaban mas sentimientos que nuestros dichos. Había mucho miedo, inseguridad e incertidumbre. Cuando volvía a casa después de dejarte, no podía dejar de pensar en el futuro, en nuestra relación, en como seguiríamos. Me dio ansiedad, entre en pánico y tuve que parar para pensar y tranquilizarme. En ese momento no sabía todo lo que pasaría con el correr de los días...

La lluvia me trajo este recuerdo y ahí estaba, sentado, mirando por la ventana hasta que tus manos rodearon mi pecho. Un beso se adelanto para hacerme cosquillas en el cuello, pero también en el corazón. "Buen día" fueron tus palabras y al girarme te vi. Poniendo café en tu taza, aquella que te regalé en nuestro aniversario, te sentaste al lado mio y seguimos mirando la lluvia caer, en silencio. Ese mismo silencio que nos daba miedo, inseguridad e incomodidad hoy se convirtió en nuestra paz, en nuestra seguridad, en nuestra identidad.  



domingo, 21 de enero de 2018

Dulce miel

Caramelo de miel,
Dulce sabor de piel,
Con tus ojitos color café,
Mira qué bien te ves.

Sonrisa de kermés,
Fresca risa de niñez,
Con tus manos de papel,
Abraza mí alma, otra vez.



martes, 9 de enero de 2018

Te regalo

La luna es testigo de las noches eternas que he pasado soñandote despierto. Desde que llegaste todo es distinto. Las noches se volvieron escenas de una película recurrente; me acuesto e inmediatamente me encuentro con tu sonrisa. ¿Quien podría dormir cuando enfrente se posa semejante obra de arte? ¿Quien no temblaría al sentir aquella alma rondando libre por los pensamientos? 

Sos el alma que da letras al que no puede escribir, aire al que no puede respirar, alas al que olvidó volar. Es que es imposible, impensado e incoherente quedar intacto cuando sonreís. La frescura de tu esencia, la hermosura de tu mirada, la calidez de tu corazón hace que uno se sienta lleno y libre. Quiero que entiendas por un segundo el enorme valor que tenés, que por un instante comprendas el tesoro que Dios plantó en tu corazón, y si por aquellas casualidades de la vida lo olvidás, quiero recordártelo cada día de tu vida. 

Verte volar, verte realizada, verte amada, verte feliz se convirtió en una meta que voy a perseguir. Es por eso que te regalo estos brazos para cuando te sientas débil, estás piernas para cuando te cuente caminar, estos oídos para cuando necesites reposar tus palabras, este corazón para cuando el tuyo este cansado, estás palabras para cuando te olvides lo que sos, estás manos para acariciar tu alma y está sonrisa que, sin lugar a dudas, desde hoy tiene tu nombre.



viernes, 29 de diciembre de 2017

Pecado de sinceridad

Ya no quiero ser más fuerte. O por lo menos no puedo aparentarlo más. Te quiero, así sin vueltas, pero también tengo miedo. Miedo que mires el desastre que tengo en los sentimientos. Los nudos que nunca pude desatar y el corazón débil y cansado que llevo dentro. Tengo miedo de no darte lo que esperás, de no saber entender el juego del amor y de pecar por sinceridad. Miedo a que elijas la opción más fácil, a qué busques a alguien que pueda suplir el vacío que quieras llenar. Alguien que tenga más experiencia y que no dude antes de avanzar. 

No tengo mucho más que ofrecerte, salvo está alma sincera y miedosa. Mis letras y un detallista que muchas veces se pasa de perfeccionista. Soy inseguro de mí mismo, de lo que puedo dar. Soy inseguro también de que alguien pueda siquiera pensar en quererme. Ya ni recuerdo lo que se siente y ese olvido me mata. Tengo un corazón que late más fuerte de lo que puedo pensar. A veces tanto que se apodera de mi razón de ser y el que gobierna pasa a ser él. Pero hay una cosa que si puedo prometerte. Hay algo que, poniendo las manos en fuego, puedo decirte sin dudarlo. Voy a luchar cada día de mi vida por tu felicidad.

Soy un adicto a tu sonrisa. Es que quiero ver tu mejor versión, quiero saborear tus labios y sentir tu corazón latiendo de felicidad. Quiero que vivas tus sueños, quiero apoyarte en todo  lo que te propongas. Quiero ser tu andamio, tu sostén cuando los días se vuelvan grises y sea difícil volver a sonreír. Quiero ser tu refugio, un lugar seguro a donde puedas acudir. Quiero ser los brazos que te abracen, las manos  que te acaricien y los labios que te besen. Voy a luchar cada día por darte lo mejor. Aún con estos miedos, sé que si me aceptás cómo soy no voy a cansarme nunca de buscar hacerte bien. Prefiero pecar por sinceridad que llorar por no haberlo intentado. 

Soy esto simplemente, lo que ves y lo que te enseño. Soy esto qué es difícil de explicar, una maraña de sentimientos encontrados y un inseguro que tiene miedo y admiración al amor. Un loco que desea fervientemente que seas feliz y disfruta verte sonreír. Soy este loco que puede  pasar horas mirando la hermosura de tu rostro, la delicadeza  de tu sonrisa y la frescura de tu alma. Soy lo que soy, pero soy tuyo enteramente.