lunes, 19 de enero de 2015

La noche

Él miraba una vez más las estrellas; allí, solas en medio de un cielo completamente negro, parecieran que brillan sin ninguna misión particular. Nacieron simplemente para brillar, pensaba mientras las observaba. Luego de un rato, un pensamiento afloró su mente repentinamente. No nacieron simplemente para brillar, sino que brillan para mostrarnos que, aunque todo nuestro alrededor este negro, ellas siempre estarán allí, brillando. Su luz inundara nuestra noche de tinieblas intentando demostrarnos que cuanto más oscuro este nuestro mundo, ellas jamás se cansarán de brillar. Su perseverancia era de asombrar, pensaba mientras largaba una tímida carcajada.



Luego, un frió melancólico asomó sobre su alma al pensar si realmente ella estaba viendo lo mismo que él. Sabía que ella estaba lejos, ausente de su presencia. Sin embargo, una pregunta afloraba en su cabeza. ¿Sabrá que aquellas luces celestiales pueden darle una bocanada de esperanza a su vida?, reflexionaba mientras intentaba imaginarse su cara, su expresión, su pelo, su sonrisa. Las estrellas, brillantes y llenas de promesas, podían sin ninguna duda ser similares a lo que ella le trasmitía. En ese momento comprendió que aunque ella estaba ausente y lejos, su presencia nocturna iba a ser siempre bien recibida con aquellos astros celestiales. No importa donde esté ni hacia donde se dirija, solo bastaba mirar al cielo estrellado para encontrarse con ella. Así fue como aquel hombre comprendió que jamás iba a estar solo, sino que miles de estrellas iban a estar con él siempre.




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