lunes, 5 de enero de 2015

Momento sublime

Él tenía algo que decirle. Ella tenía una sonrisa que mostrarle. Quizá el destino los haya unido, quizá el azar haya jugado con sus vidas un segundo. Pero ahí estaban, cruzando miradas. Cansados de cargar una vida de errores, se propusieron jugar un segundo a ser mayores. Pensaron que ya no hacía falta pensar, sino que sentían que lo único que debían hacer era sentir. Sentirse. Vivirse.

Ella con su tierna mirada y su sonrisa de risueña. Él con su locura desdibujante y su frescura de otoño. Se veían y el mundo frenaba. Estaban creando historia, estaban haciendo vida. Ya no importaba nada más. El tiempo pasaba a segundo plano. Nada ni nadie podría detenerlos. El mundo giraba alrededor suyo y la vida continuaba. Sin embargo prefirieron seguir sintiéndose. Ella fumaba deseos. Él aspiraba sueños. Juntos se intoxicaban de amor. Aquella droga más dañina y hermosa que cualquier otra.

Fueron segundos pero parecieron centenares. Él la miro, ella se escondió entre sus manos, buscando algún refugio a su timidez. Y sucedió lo inesperado. Se besaron. Un manantial celestial rondaba alrededor de estos dos románticos emprendidos. Era como si en ese momento estaban viviendo exactamente lo que tenían que vivir. Para esto fueron creados. El cielo estaba a sus pies, ya nada podría detener a estos dos emprendedores del amor.

Habían jugado la última carta de su mazo. Ni él ni ella sabían si habían jugado correctamente, pero qué más da. Estaban ebrios de amor. Ya habrá tiempo de resaca. 





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