miércoles, 7 de enero de 2015

Viaje a un mundo paralelo

Podría estar en ruinas el mundo pero si ella me miraba no hacía falta nada más. Nunca pude descubrir  que tesoro guardan esos cristales preciosos que posees como ojos. Son morfina en medio de tanto sufrimiento y descontrol. Al verla, automáticamente era transportado a un mundo paralelo. Un mundo creado para nosotros, donde ya no existía ningún tipo de impedimento ni descontrol. Ahí, los dos, mis poemas y su sonrisa, hacían un equipo inseparable. Su inocencia y su desnudes al mirarme era casi una mezcla celestial. Se soltaba el pelo, me miraba y sonreía... que placer de dioses. Quien diría que estábamos viviendo la aventura de nuestras vidas; estábamos sorteando al destino con una de las historias más maravillosas del mundo.


En aquel mundo de fantasía y amor ya no había tiempo ni espacio. Nadie era preso de nada. El único rey y señor era el amor. Cantábamos a los cuatro vientos que por una vez en la vida las cartas se nos habían barajado a nuestro favor. Pareciera que el destino se nos había puesto de nuestro lado. Sin presiones, sin prejuicios, sin ningún tipo de impedimento para demostrar que esta vez el amor había triunfado entre nosotros. Nos amábamos y esa era la ley que predominaba entre vos y yo. Ella me miraba con su sonrisa estrepitosa y nada faltaba. Éramos dos viajeros del amor, simplemente nos sacamos la lotería al encontrarnos y gastamos todo nuestro premio en pasajes hacia la felicidad. Sencillamente éramos dos soñadores con particularidades distintas; yo con mis poemas y ella con su sonrisa. Pero aun así, teníamos algo en común: Ambos queríamos volar.



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