miércoles, 30 de diciembre de 2015

Nostalgia

Verla es aire de nostalgia, de situaciones pasadas; alegrías compartidas y destinos cruzados. Ella tiene algo que siempre me voló la cabeza; algo dentro suyo, en su forma de ser. Una esencia tan particular y a la vez tan hermosa que no puedo describirlo simplemente con palabras. Es que cada vez que hablo con ella o la veo no puedo evitar sonreír. Siento que estando cerca de ella jamás voy a sentirme mal o triste, porque, desde dentro suyo, emana una extraña sensación de simpatía que hace que cada parte de mi ser encuentre paz y vuelva a disfrutar. Pasar tiempo cerca suyo es como tomarse vacaciones de la vida, descansar en el lugar mas tranquilo que puede haber y resetear tu estado de animo, volver a empezar, pero esta vez lleno de energía.

Su risa es tan especial que no podría encontrar en otra mujer algo que se pueda asimilar a lo que se forma en sus labios al sonreír. Su mirada no hace más que hacer juego perfectamente con su sonrisa, acompañándola con su achinada presencia y su inocencia escondida. Ella es la niña que creció sin darse cuenta del cambio; hablar con ella hoy es lo mismo que hablar con la adorable y frágil mujer de hace unos años, sólo que esa mujer creció en experiencia y sabiduría. A base de prueba y error, de caer y levantar, de sufrir y probar, de intentar y fallar, pero también de encontrar, de salir y luchar, de sonreír para no llorar y llorar para no explotar. Su corazón es fuerte como la piedra, pero su alma es frágil como el cristal. Basta con hablar con ella para darte cuenta de que mantiene una cantidad de miedos dentro suyo que la atormentan; pero es tan aguerrida y, sin escapar de su autenticidad, no deja que eso la detenga y sigue dándole al mundo un regalo hermoso: su sonrisa. 


Batallas ganadas, batallas pérdidas, su vida fue un constante de batallas. La soledad, la amistad, el amor y el futuro sus miedos. Las almas cercanas, su familia, Dios, su esencia y la esperanza sus fortalezas. Nadie jamás debería atentar contra su simpatía, nadie jamás debería hacer que esta adorable sobreviviente de la vida caiga una vez más. Yo jamás lo permitiría, sería como atentar contra el cielo. Un alma como la de ella merece ser libre, arrasar con el mundo y festejar que la vida no es sólo batallar sino también disfrutar. Su alma merece ser libre y jugar con el destino, desafiarlo y ser feliz siendo ella misma. Disfrutar del amor, de la amistad y de sus sueños; luchar cada día por conseguir lo que pretende y encontrarse a si misma. Amar y dejarse amar, desafiar a un destino cargado de malas jugadas y seguir apostando por el premio mayor. 

Su autenticidad es su marca registrada, de eso no hay duda. Siento orgullo poder acompañarla desde la posición donde me toque estar, para apoyarla, para escucharla, para abrazarla y contenerla, para bromear con ella y hacerla sonreír o para lo que necesite; ella es una gran parte de mi vida y lo seguirá siendo siempre. Porque lo más probable es que pueda vivir sin ella, pero yo tomo la decisión de pasar tiempo cerca suyo, cerca de su alma, cerca de aquello que me vuela la cabeza. Y siento, cada día que vuelvo a hablar con ella, que es una de las mejores decisiones que he tomado a lo largo de toda mi vida.