martes, 16 de febrero de 2016

Sueño

Apareciste en mi sueño mas preciado, aquel que a dolores y duras penas termine de conciliar. Mis ojos se abrieron pero ya no estabas, solo me quedaba el sabor de un hermoso recuerdo. Verte al sol, sus rayos traspasaban tus ropas, tus manos balanceándose en el destino de tu pelo, incitándolo a despertar de una noche de profundo amor. Tu cuerpo era una obra maestra del creador; perfección en tus curvas y fragancia de invierno. Allí, en mi deseado momento, estabas frente a mi, de espaldas a mi cuerpo, pero te veía sonreír. Sentía tu sonrisa, sentía que eras feliz; sonreías a la vida y yo sabia que era tuyo, completamente tuyo. Habíamos estado una vida entera buscándonos, queriendo encontrarnos. A fallas y despedidas, a reencuentros y lagrimas, nos encontramos y sin pedir permiso entramos en la vida del otro. Nos hicimos uno, tu carne y la mía se unieron para la eternidad. Nuestros corazones latían sincronizados con el latido del destino. Eras lo que tanto estaba buscando, eras enteramente lo que siempre había amado. 

Te sentía real, te sentía entera, como si aquel sueño era una clara muestra de mi futuro junto a vos. No pude ver tu cara, pero sentí con el alma encendida que eras preciosa. Sentí que tu mirada era la que me había robado el corazón el primer día que te vi. Sentí que en tu sonrisa podía abarcar mi vida completa sin sentir que el miedo se apoderaba de mi otra vez. Sentía que en tus manos encontraba paz, que tus dedos rozando mi cabello eran lo mejor que me había pasado en la vida y que junto a vos mi corazón volvía a latir como antes, enloquecido de amor y frenético de felicidad. Eras lo que siempre soñé, eras lo que aquella noche soñé y que jamas olvidaré. Algún día nos volveremos a ver y te prometo que aquella vez no sera un sueño, sino una vida entera juntos. 


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