jueves, 10 de noviembre de 2016

De espontaneidad y amor

¿Será que el amor es mas simple de lo que uno intenta imaginarse? ¿Sera que no hace falta pensar tanto sino que lo que hace falta es sentir mas? Preguntas como estas vinieron a mi cabeza cuando estaba a punto de encontrarme con aquella mujer misteriosa. Por fin nos encontramos y todo se volvió blanco, liso y nulo. Mis pensamientos se calmaron, mi ansiedad se rebajo y simplemente me deje llevar aquel día, sin pensar en nada; me dispuse a sentir que era lo que nuestro encuentro tenia preparado para nosotros. Cruzamos sonrisas, cruzamos miradas, cruzamos momentos. Me gustaba verla sonreir, ver su sonrisa tan contagiosa y tan espontanea me hacia bien. Creo que esa es la palabra que mejor la define: espontanea. Me gusta que sea así, me atrapa por completo.

Nos acercamos a su ventana y el viento nos acariciaba; nos acercaba la brisa que tanto se asemejaba a su frescura. Hacían un complemento perfecto. La luz, tímida y respetuosa entraba de a poco por las esquinas de aquella ventana, que durante todo nuestro encuentro rugía por la fuerza de una brisa primaveral. Esa luz, por un momento se posó sobre su rostro y yo, sin pensarlo demasiado, me dispuse a mirarla, a observar su rostro y rápidamente empezó a causar en mi algo que marcaría aquel momento: me hizo sonreir. Sus ojos, grandes y de color avellana; su mirada, penetrante e inocente me destruyo por completo. No tenia palabras, la escuchaba hablar y yo me disponía simplemente a escuchar su discurso y observarla atentamente, casi de manera adictiva. En ese instante, ya cuando nos disponíamos a salir de aquella ventana, sentí que lo que me causaba aquella mujer era algo maravilloso. No estoy tan lucido como para declarar que ha atrapado por completo mi corazón, ni tampoco estoy para decir que fue algo de un momento y morirá allí. Simplemente puedo afirmar que viví uno de los mejores momentos de mis últimos tiempos. Toda una tarde de sonreir, de limpiar amargura, de refrescar el alma y disfrutar de un maravilloso encuentro de almas. 

El amor no es algo que podamos manejar, no es algo que podamos controlar, no podemos ponerle esposas ni cadenas. El amor es una fuerza tan sobrenatural que choca tan fuertemente sobre nosotros que lo único que podemos hacer es negarlo o disfrutar de su presencia. Aquella tarde, deje que se asomara sobre mi, que me tomara de rehén y me haga ver con otros ojos a aquella mujer. Logre crear en mi una paz que pocas veces lo había hecho; mis pensamientos, mis dudas, mi ansiedad habían desaparecido por completo. Deje que el momento me viva, deje que el momento trazara solo nuestro destino y aproveche cada instante para sonreir junto a ella. Es que no se puede hacer mas que sonreir cuando estas cerca de ella, tiene una fuerza, una energía tan avasallante que no te deja otra opción que sucumbir a la sonrisa. Me sentí completo por un momento, me sentí en paz; sentí que no había lugar en el mundo en donde quisiera estar en aquel momento. Era ese el lugar donde quería estar aquella tarde y mi corazón lo sabia. No se que nos deparará el futuro, no se si nuestros lazos volverán a encontrarse y aquel encuentro circunstancial se convertirá en un maravilloso habito. Lo único que puedo hacer es disfrutar de su presencia y dejar que sea el amor quien esté al mando otra vez.


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