miércoles, 25 de enero de 2017

A un café de distancia

Sabía que no era tarde cuando te vi entrar por aquella puerta ruidosa y alarmante. Estabas con el mismo brillo de siempre, rodeada de tu intensificada inocencia y tu adorable frescura de simpatía. Te sentaste frente a mi, pediste lo que tanto nos unía, y me miraste sonriendo. El sol acariciaba tu mejilla, la adoraba con respeto y sencillez. Tus ojos, encendidos con la luz que entraba por la ventana, se depositaron en los míos. Casi como si no sintiera nada, me anestesiaste el corazón; todo lo que necesitaba estaba allí, a un café de distancia. Abriste tus maravillosos labios y salieron gritos de esperanza y amor que cayeron directamente sobre mi alma, abrazándola, sintiéndola, tocándola. Me aseguraste que el tiempo se te había volado de la cabeza, que habías perdido la noción y que lamentabas no haber llegado antes. Que ingenua eras, te perdonaría mil veces que llegues tarde, si es que con solo verte mi alma descansa. No había nada que no pudiera perdonarte. 

Llego tu café, lo miraste con recelo, como quien duda de la buena calidad de su objeto. Después de inspeccionarlo del derecho al revés, te dispusiste a probar un sorbo, como buena catadora de cafés que eras. Tus labios se humedecieron al sabor de la vainilla y la crema espesa que en su interior atesoraba la cafeína que tanto buscábamos. Esperaste, casi como si fuera una eternidad, me miraste y sonreíste. 

ꟷ Nada mal Dijiste con receloꟷ. Podría haber sido mejor, hemos probado mejores. Quizá le puso demasiada canela, o la vainilla es la que no me convence. Realmente no lo se, pero bueno, uno mas para la lista.

Me miraste, tocaste mi mano, y me sonreíste como nunca antes lo habías hecho. Eramos felices, eramos realmente felices. Estábamos emprendiendo el viaje de nuestras vidas, probando cafés de todos lados del mundo. Este era de París, tal y como nos habían recomendado. Es que era algo que nos unía, nos mantenía con vida. Un café de por medio, mirarnos a los ojos, vivirnos lentamente saboreando a cada sorbo un poco de amor y esperanza. No podía creer que la vida me haya regalado este ansiado trofeo inmerecido. Sabíamos que nuestro lugar en el mundo era estando juntos, sea donde sea el lugar, sea donde sea el café. Vivíamos un amor a un café de distancia, pero juntos... Juntos hasta el final. 



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