martes, 10 de enero de 2017

Espejo de paz

Salias por aquella puerta corrediza, donde historias viajan al rededor del mundo, de la ciudad, dejando marcas en aquellos que se comprometen a tomarse la tarea de averiguar, de imaginar y crear en ellas obras majestuosas. Te vi, a la lejanía, casi ni pude reconocerte pero bastaría un solo vistazo más para verte bien y acertar con aquella imagen que rondaba entre mis pensamientos. Era la primera vez que nos veíamos y si bien algo de mi estaba nervioso, las ansias por conocerte era más que aquellos sentimientos paralizantes, así que cruce de calle para acudir a tu encuentro. Sabía que al verte iba a empezar una historia que, gracias a Dios, no iba a tener un fin próximo. Algo me olía que esto era una de esas historias que marcan, que hacen que recuerdes en vivo esos momentos tan gratos, tan hermosos. Pero no lo sabia aun, no tenia idea de que nos deparaba en el futuro; solo me aproxime, te salude y me dispuse a pasar una de las mejores tardes de mi vida. 

Fui afortunado al haber tomado la iniciativa de hablarte; sinceramente en tan poco tiempo es impresionante como alguien puede cambiar tu panorama, cambiar tu forma de vida. Es increible como alguien sin querer puede enseñarte lecciones, principios, formas de vivir tan espontáneamente. Eras un refresco de ternura con paz; una combinación que hace tanta falta en el mundo. Charlamos durante horas y horas, nuestras almas fueron tocándose de a poco, acercándose, aproximándose, sintiéndose. Perdimos la noción del tiempo y cuando menos lo pensamos, el tiempo de alejarnos se aproximaba. Yo estaba feliz, no por aquella hermosa tarde, sino porque era la primera de muchas. Sin duda que buscaría la forma de poder verte de nuevo, de hacer que nuestras almas vuelvan a tocarse y se vayan conectando. 

Aquel día me dejaste un regalo sin saberlo. Fuiste un espejo de paz, me reflejaste lo que en mi mente tenia la idea de poder encontrar en vos. Me reflejaste tranquilidad, sinceridad, inocencia y ternura. Me mostraste una cara que no veía hace mucho y me enseñaste a un Dios vivo. Todo en vos reflejaba a Dios y eso, aunque parezca algo simple, es lo mas lindo que pude encontrar aquel día en vos. Nunca conocí a nadie así, ni tampoco creo conocer , así que me siento del todo afortunado en el regalo que la vida me dio. Sin duda este es el comienzo de algo hermoso, digno de escribir, porque aquel espejo, aquel reflejo de hermosura, es digno de ser escrito. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada